Soy un yuyo

Esta mañana salgo a hacer unos trámites y cuando paso por una floristería, aprovecho para preguntar por un insecticida porque mi ficus está muriendo a manos(patas) de unas mosquitas que salen de la tierra (pienso: a tamaños microscópicos esta es una película de desastre). El señor de la floristería me manda a otra tienda, a la vuelta y me dice que allí pregunte, que me va a poder ayudar.

La tienda es pequeñita y con onda. Bastante diferente a las tiendas de plantas y jardinería que conozco. En la parte delantera tiene un pequeño invernadero con luces artificiales, rosadas y las plantas no se ven porque están bien tapaditas. Hay bolsas de tierras y un montón de ¿herramientas? de colores que no sé identificar. La luz es tenue en todo el local. Un pelilargo me atiende amablemente y le cuento mis penas: que mi ficus tocayo está pelado (no como yo). Que unas mosquitas (vivas, más que muertas) me los están asesinando de raíz y que el señor de la floristería me manda aquí para que me vendan un remedio. El chico me ofrece un veneno ecológico y destaca las virtudes de que no es venenoso para las personas, aunque luego aclara que eso me da igual porque no voy a consumir el ficus. Le respondo risueña que no, que no me lo voy a comer “todavía”. Como es amable aprovecho y le cuento que mis margaritas también están un poco mustias. Le describo con detalle la mitad de las hojas amarillas de un lado y cómo se van secando y cayendo. Me dice que le suena a que es un hongo y me da otro remedio en un frasquito divino, con base de propoleo, me dice, que tiene usos medicinales para las personas. Me parece muy bien pero tampoco me voy a comer las margaritas (todavía). Ya que estamos y que me llevo las dos medicinas, le pregunto de paso si tienen semillas (digo, porque es un lugar que en el nombre lleva las palabras house y plant, como sea, es de plantas y de casas). Me mira raro y me dice “¿Qué tipo de semillas?” y yo muy oronda le comento que quiero semillas de hierba para gatos… me sonríe y me responde que ellos sólo venden semillas de cannabis.

Y yo pienso: qué caída del catre que soy.

(Igual, divino, me mandó a un herbolario cerca y además me dijo que “a los gatos les gusta mucho la marihuana”).

¡Plin!

Yo en La Noche en Blanco: The Viaje

The Viaje

Ayer me llamaron de di_mad para pedirme que participara en el evento del sábado 19 de septiembre, dentro del marco de lo que se llama La Noche en Blanco.

La Noche en Blanco es un evento cultural que se realiza en las principales capitales europeas a finales de verano y supone una serie de actividades que se realizan a lo largo de la noche, en toda la ciudad (en mi caso, en Madrid). Desde museos abiertos a horas intempestivas, cine, teatro y actuaciones callejeras, hasta sólo el gusto de caminar por la Gran Vía de Madrid, que permanece cerrada y convertida en peatonal mientras dura el evento.

A menudo es complicado encontrar un espectáculo o actividad que realizar porque hay que reconocer que a la gente le gusta mucho salir (al menos acá en Madrid) y suele estar todo llenollenísimo. Pero en este caso, una servidora, va a participar como diseñadora invitada en una especie de “performance” en El Matadero de Madrid, dentro de una actividad organizada por Marcello Conta y el di_mad, donde estaremos “customizando” unas maletas de cartón a la vista del público, aunque también los que vayan van a poder aportar su granito de arena.

Cuestión: que me han invitado y me hace muchísima ilusión participar, porque no sólo estaré haciendo cosas que me gustan sino que tendré oportunidad de conocer a otros diseñadores (creo que los que participamos somos unos quince, más o menos) y además, me encantaría compartir esto con los amigos, diseñadores o no, que se quieran pasar.

Estaré allí entre las 23 y las 2 am y para más información sobre esta actividad (que sospecho, estará menos masificada que las del centro de Madrid) pueden mirar la página del evento en si.

Update: Ya hay fotos.

Update: Más fotos en el blog de Sparafucile/Mashica.

Yo yo she

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La gamba

La mayor parte del tiempo tengo la sensación de estar metiendo la pata. Diga lo que diga, haga lo que haga. Pisando dedos. Y como si llevara botas de bombero, de esas que tiene puntera de metal, suelas gordas y que pesan más de lo que soy capaz de levantar. Como si todos el mundo bailara a un ritmo más o menos aprendido y yo me perdí las clases. Como si siguiera siendo la bruta de 11 años que tenía esta misma estatura que tengo ahora y que era una especie de marimachogigante que se agarraba a las piñas en el recreo a pesar de mi excelente legajo como alumna (y esta cara de buena que porto).

¿Pero sabés qué? Empieza a ser una de esas cosas que antes me hacía sufrir (como el “punto chungo”) y ahora me gusta. Porque soy yomásyoquenunca.

Ay, cómo me quiero a veces.

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