Momento kitinmuñoz otra vez

El otro día alguien me manda un email llamándome Trinity (en un contexto Matrix y por algo que yo había dicho en otro email) y yo, en lugar de hacer la relación correcta, lo primero que pensé fue en un desodorante, en la marca Polyana y en un anuncio ochentero con dos chicas con reflejos y vestidos jipones largos y floreados, plataformas de corcho y lo mejor: el cierre de la publicidad, un pulpo (¡una pulpa!) de color rosa y con un lazo en la cabeza y todos los brazos llevando desodorantes. Bueno, supongo que hay detalles que me invento pero esa es la imagen que me vino a la cabeza.

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Un recuerdo de la más tierna infancia. Una de esas imágenes publicitarias que te marcan a futuro. Yo quería ser la pulpo esa. Yo quería mil brazos y usar ese desodorante de chica que no para. Estamos hablando de una época pre-rexina-que-luego-se-convirtió-en-rexona. Estamos hablando de principio de los ‘80 y yo era una bebé, tendría como mucho seis o siete año y todavía la idea de la mujer trabajadora, que no paraba, que hacía mil cosas era bastante nueva. Pero incluso ahí yo ya sabía que iba a ser pulpa, total, con mil brazos y mil ocupaciones, sin parar. Y rosa porque todavía el rosa no era (al menos en mi universo) cliché de barbiegirl.

Tardé como diez minutos en caer en que quien me mandaba el mail no se refería a esa Trinity, si no a una un poco más guerrera y armada. Igual es un punto de encuentro, porque brazos hay que tener para ser la otra, la del futuro.

Pero igual, qué raro cuando se te vienen esos recuerdos que están enterradísimos, casi te diría que es como que se te destapa la nariz y olés de nuevo (espero que no a Trinity, que por lo que estuve mirando por ahí, tenía un perfume asqueroso).

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