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No hay payasos borrachos ni ecuyeres, no está el domador ni los sumisos tigres, no hay gitano con oso bailarín, no hay tirador de cuchillos con partenaire puro coraje, no hay acróbatas, ni trapecistas, ni vendedores de golosinas, ni malabaristas, no están los enanos, no hay carpa, ni banderines, ni delicados elefantes, ni mago de veloces dedos. Pero estamos vos y yo. Y nos aplauden.

El circo de mi sueños. Ana María Shúa. Fenómenos de circo. 2011

La verdad sobre la publicación de libros para niños

A too-true view of children’s publishing.

La novela luminosa

“Me parece que los jóvenes son tres. Vi a dos de ellos acosar a la madre, tratando de obtener comida de su pico, exáctamente como polluelos y no como semejantes pelotudos que ya son.”

La novela luminosa, Mario Levrero

(las negritas son mías)

Acá solté una carcajada. Pero ya venía sonriendo, calculo que desde la página 7, aproximadamente. La novela luminosa, que no lleva a titularse así hasta la página 453 de la edición de bolsillo que compré, es un libro-blog de cuando nadie blogueaba. Es un diario de un escritor que no sabe cómo carajo va a llegar a escribir esa novela luminosa que el alma le pide, ya que su realidad cotidiana se lo pone difícil. Los horarios cambiados, los achaques, las autoexcusas, la obsesión por la computadora que le hace quedarse resolviendo problemitas hasta la madrugada, la alegría de modificar una aplicación y que funcione, antes que ponerse a escribir realmente lo que tiene que escribir porque no se siente capaz. Y la identificación de esta lectora, que se sorprende en cada relato, se identifica aunque sea mujer, treinta años más joven y no tenga la menor intención de escribir ninguna novela luminosa. Mario Levrero escribe las primeras cuatrocientas páginas de este libro para si mismo, se va analizando de una manera que incluso da miedo y al mismo tiempo no tiene miedo de parecer loco, enajenado, ridículo, porque escribe para nadie, porque nadie lo lee cuando escribe. Y eso hace que esta novela sea luminosa aunque no se llame así hasta la página 453 de la edición de bolsillo que compré.

“Me resulta casi increíble, al comparar esta mujer con el resto de sus congéneres, que nunca se haya aprovechado de ese conocimiento suyo para competir, humillarme o tratar de reformarme. Me aceptaba tal cual soy, e intuía sin duda que cualquier modificación que se me impusiera, por más positiva que fuese, me haría perder algo que ella consideraba importante en mi.”

Cada vez que leo algo escrito por un hombre, que describe exáctamente cosas que he pensado, me asalta una ternura muy explicable, aquella que deviene de saber que también les pasa, que no son tan diferentes incluso en las diferencias. Que también hacen generalizaciones. Y se confirma que no estoy tan equivocada, a pesar de tanto pelotudo que me he cruzado. Que sigue siendo saludable que me gusten y me den curiosidad y los siga queriendo tantotanto.

Libros pa’la playa

Como en nada me voy de vacaciones (si, moriros de envidia, vosotros que ya habéis vuelto bronceados y habiendo agotado vuestro estío, jeje… en fin, algún consuelo tengo que tener), estoy confeccionando una lista de posibles libros para llevarme a la playa, que deben cumplir unas simples condiciones: ser muy entrenidos, poco deprimentes y de bolsillo porque paso de tener cuidado con ellos y pienso llenarlos de arena, bronceador y agua salada. La cuestión es que además, tienen que ser más de dos, porque me voy una semana y a mi, una semana con playa, sin tele y oC-vio, sin güifi, me da para leer muuuucho.

En fin, que hoy estuve investigando en La Casa del Libro y mirando, mirando, éstos son candidatos:

  • El ladrón de chicles, Douglas Coupland (lo acaban de editar)

  • Mi tío Oswald, Roald Dahl (recomendado por A.)

  • El juego de Ender, Orson Scott Card (recomendado por Spica)

  • Middlesex, Jeffrey Eugenides (recomendado por F.)

  • En picado, Nick Hornby

  • La luna es una cruel amante, Robert A. Heinlein (*EL* libro de mi infancia)

  • La fortuna de Matilda Turpin, Álvaro Pombo

  • La carretera, Cormac McCarthy (me lo iba a prestar la vecina pero igual mejor lo compro para la playa)

  • El sabotaje amoroso, Amèlie Nothomb (todo lo que leí hasta ahora me gustó)

  • Mujeres, Charles Bukowski (¿o me conviene empezar –si, empezar– con otro?)

  • El viaje a la felicidad, Eduardo Punset (no sé, pensé que podía ser interesante)

  • Cuentos de humor y horror, Saki

  • Primer amor, últimos ritos, Ian McEwan

  • El gaucho insufrible, Roberto Bolaño (con ese título ¿quién podría resistirse?)

La gran mayoría son de Anagrama, editorial que tiene un diseño en sus libros de bolsillo por el que tengo especial debilidad, queselevasé.

¿Alguna recomendación más? No hace falta hacerse el intelectual y proponer Dotoievski ¿eh? Que los veo venir, no me sean vengativos y no me jodan las vacaciones, che.

(Yo me voy a seguir mirando la web)

Update: libros-pala, eso también sirve en la playa ¿no? aaaajaja ¡Ah! Por cierto, este es el post 601, mirá qué cosa ¿no?

Crecer

“La tía Inés solía decir que crecer en la vida era un asunto de traspasar límites personales…”

La mujer habitada, Gioconda Belli

Y otro libro más que ya no voy a poder dejar de leer hasta el final. Ventajas de tener vecinas con enormes bibliotecas.

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