El lema de 2009

Mi amiga Bochi me reenvía la salutación que le llega desde el Estudio Shakespeare.

En Argentina, “arrugar” es sinónimo de “acojonarse”. Por eso, es tan, pero tan argentina, que no puedo dejar de compartirla.

2009_shakespeare

¡Felices Fiestas!

Plataforma 0-6 de Móstoles

Pues resulta que tengo un ex compañero de trabajo, J. que vive en Móstoles y junto con otras personas de esa ciudad, están luchando para que se conserve el modelo de escuelas actual, de 0 a 6 años, con formación (es decir, no son sólo guarderías), porque entre otras cosas, se quiere reducir el ciclo hasta los 3 años solamente.

Yo no tengo hijos, pero creo que es algo que importa. Y además, lo están haciendo con mucha pasión. Y la difusión siempre les viene bien. Así que yo recomiendo que se pasen por allí: Plataforma 0-6 de Móstoles

Cinema

Recién estamos estrenando domingo (bueno, el post empezaba así porque iba a escribirlo anoche) y ya tengo la sensación de haber aprovechado todo el fin de semana.

El viernes fuimos a ver “Dialogue avec mon jardinier”, una película que recomiendo con insistencia. De hecho, yo no tenía muchas ganas de verla pero (V)ireta me convención (joder, esta chica sabe lo que elige para ver, nunca más digo que no porque no). Una película sencilla. Poco más que un extenso diálogo. Pero a mi lo que me impresionó es la amistad entre estos dos hombres. Porque a ver, la amistad entre dos mujeres, los gestos que se intercambian, los abrazos, las lágrimas secadas en la cara de la otra, son una cosa que conozco y que tengo la suerte de encontrar repetida en no una sino varias (todas) las mujeres de mi vida. La amistad entre un hombre y una mujer tiene otros matices y a veces la vislumbro como posible. Pero lo que pasa entre dos hombres es algo que me resulta ajeno, misterioso, imposible por no poder alcanzarlo. Y es tan hermoso. Y es tan reconfortante encontrar que hay tanta diferencias y tan pocas. Y que existe. Saber que existe es algo que hace mi vida mejor. Salí contenta. Feliz. Y después cañas y tapas y unas velas de chocolate que nos regalaron en un bar recién inaugurado. Y charla. Sobre dónde estábamos cuando los atentados (todos los de los últimos años) y como estamos grandes y ya percibimos que somos parte de la historia.

El sábado hubo charla con X. (¡parece imposible que hace menos de un año no estuvieras en mi vida!) y mi primer regalo de reyes en siglos: “El niño con el pijama de rayas”, un regalo para compartir. Me encantan esos regalos que vienen porque si y con esas especie de condiciones. “Te lo hago que me lo prestes y tengamos otra conversación”. Como si nos hicieran falta las excusas, que no, pero qué bonito. Por la tarde, sumada otra amiga (ya superamos, ayer mismo la primera barrera: nos contamos todo y nos tomamos litros de té), fuimos a ver “Once”.

Acá tengo que hacer párrafo aparte. Es que me hace mucha gracia el tema del nombre de esta película. En inglés, la peli se llama Once (una vez) y tiene en el cartel en su versión original, una pregunta antes del nombre de la peli que dice “How often do you find the right person?”. Claro, la respuesta es once. En España, donde casi es una obsesión traducir los nombres de las películas (en Argentina también, Liniers se extiene sobre ello con su personaje “el señor que traduce los nombres de las películas” y que de verdad es hilarante), en esta ocasión han decidido no traducir el nombre de este film. Por lo que si miras con atención el cartel en los cines de esta ciudad, el texto dice algo así como “¿Cuántas veces encuentras el amor de tu vida?” y claro, en español parece que dice 11. Corazón latino, digo yo.

En fin, que es una peli que vale la pena. No es un musical al uso. Es una película contada con la música. Unas canciones bellísimas sin las que la película no sería nada. Otra vez, una película tan simple que ni siquiera tengo claro por qué me gustó tanto. Quizás por eso, porque es tan dulce, y tiene tantas canciones que te llegan. Y que para uno (como pasa a menudo con la música) tienen un significado propio. Y además, un pelirrojo por protagonista que a mi me mató. En fin, la pelirrojez corre en mi sangre (hermana, primos, abuela) y los colorados me pueden, qué se le va a hacer. Al final, saliendo del cine, se me ocurrió que para mi, esta película habla efectivamente de cuántas veces puede uno enamorarse de verdad en la vida y me da la sensación de que son muchas. Porque cada vez que te enamorás, te parece que la vez anterior no era que te habías enamorado. Te parece que ésta es la vez. Toda tu historia se reacomoda y ésta es la verdadera. Al menos así lo espero. No quiero quedarme en la última vez que me enamoré y que esa sea la buena. No, me niego.

Bueno, X. se fue después del cine a comprar regalos y A. y yo a bebernos todo el té de la ciudad (¡ufff! unas locas bárbaras) y a la noche terminamos recalando en casa de la vecina, con quien vimos nuestra tercera peli del finde: Juntos nada más. La verdad es que no me gustó tanto, pero en si, el contexto mismo (nosotras tres, un sofá, un ordenador, algo para picar y trufas de chocolate) hicieron lo demás. No lo cambiaría por nada. En fin, que me subí a casa, volví a bajar corriendo porque me había dejado el abrigo y resulta que en el medio ¡había llegado los Reyes a lo de G.! Es que claro, callejeando como ando siempre o encerrado a cal y canto como me da el punto a menudo, le pidieron el favor. Y ahora tengo la lata perfecta para guardar la yerba mate, ahora mi casa se parece más a la casa de mi infancia. Y viniendo los Reyes, yo soy más chica. Y me gusta, a veces.

En fin, que este post no tiene ni ton ni son, ni está bien escrito, es sólo uno de esos post para dejar constancia de cosas que quiero recordar. Porque ayer hablábamos (después de la película) de eso. De que nuestros hijos o sobrinos, o bueno, la gente peque de nuestras vidas, seguro va a apreciar saber alguna vez cómo fuimos. Lo sé porque G. está leyendo las memorias de su tío y con gran sorpresa descubrimos que nombra a Jujuy (¡mi lugar de nacimiento!) un señor gallego que nunca podría haber imaginado que su sobrina pequeña, hoy tiene una amiga y vecina, que viene de ahí. Y me siento bien. Será porque este domingo me encuentra escribiendo ésto, con mi gorro colla puesto, la lavadora gritando, planes para dentro de un rato y gente favorita (tanta gente favorita) que es arte y parte.

Y la vida es mágica, no sé por qué pero lo sé.

I don’t know you
But I want you
All the more for that
Words fall through me
And always fool me
And I can’t react
And games that never amount
To more than they’re meant
Will play themselves out

Take this sinking boat and point it home
We’ve still got time
Raise your hopeful voice you have a choice
You’ve made it now

Falling slowly, eyes that know me
And I can’t go back
Moods that take me and erase me
And I’m painted black
You have suffered enough
And warred with yourself
It’s time that you won

Take this sinking boat and point it home
We’ve still got time
Raise your hopeful voice you had a choice
You’ve made it now
Falling slowly sing your melody
I’ll sing along

Falling Slowly, Glen Hansard & Marketa Irglova, Once

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No tengo ni puta idea de navegación

Es como eso. Venir con el barquito (barquititito) capeando el temporal. Un mar chungo y revuelto. Apetrolado y profundo. Con olas quichicientas veces más grandes que el botecito. Y las vas sorteando (de suerte). Y una vez que saliste (porfiporfinporfin), el agua se va quedando quieta. Y a veces eso da más miedo: llegar a ese punto en el ecuador donde no sopla el viento.

Así se siente dejar a gente atrás (o al costado, o no sé, en otro lado).

Para P. y X.

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