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Siglos

Chist, no digan nada, eh. Hoy, el punto álgido del día y de lo más inesperado, fue bajarme una horita a la plaza a charlar con Maggie. La verdad es que no tenía ni una horita, pero menos mal, menos mal porque esa chica vale la pena.

¿Que cómo la reconocí? Estaba leyendo, oCvio.

Gracias, Maggielatímidavaliente. Yo nunca me animo a estas cosas. Y después me doy cuenta de que a la mejor gente que conocí acá, la conocí así.

¡A ver si se repite!

Y gracias por los piropos. Una, que sólo intenta estar a la altura.

Litany

You are the bread and the knife,
the crystal goblet and the wine.
You are the dew on the morning grass
and the burning wheel of the sun.
You are the white apron of the baker,
and the marsh birds suddenly in flight.

However, you are not the wind in the orchard,
the plums on the counter,
or the house of cards.
And you are certainly not the pine-scented air.
There is just no way that you are the pine-scented air.

It is possible that you are the fish under the bridge,
maybe even the pigeon on the general’s head,
but you are not even close
to being the field of cornflowers at dusk.

And a quick look in the mirror will show
that you are neither the boots in the corner
nor the boat asleep in its boathouse.

It might interest you to know,
speaking of the plentiful imagery of the world,
that I am the sound of rain on the roof.

I also happen to be the shooting star,
the evening paper blowing down an alley
and the basket of chestnuts on the kitchen table.

I am also the moon in the trees
and the blind woman’s tea cup.
But don’t worry, I’m not the bread and the knife.
You are still the bread and the knife.
You will always be the bread and the knife,
not to mention the crystal goblet and – somehow – the wine.

La novela luminosa

“Me parece que los jóvenes son tres. Vi a dos de ellos acosar a la madre, tratando de obtener comida de su pico, exáctamente como polluelos y no como semejantes pelotudos que ya son.”

La novela luminosa, Mario Levrero

(las negritas son mías)

Acá solté una carcajada. Pero ya venía sonriendo, calculo que desde la página 7, aproximadamente. La novela luminosa, que no lleva a titularse así hasta la página 453 de la edición de bolsillo que compré, es un libro-blog de cuando nadie blogueaba. Es un diario de un escritor que no sabe cómo carajo va a llegar a escribir esa novela luminosa que el alma le pide, ya que su realidad cotidiana se lo pone difícil. Los horarios cambiados, los achaques, las autoexcusas, la obsesión por la computadora que le hace quedarse resolviendo problemitas hasta la madrugada, la alegría de modificar una aplicación y que funcione, antes que ponerse a escribir realmente lo que tiene que escribir porque no se siente capaz. Y la identificación de esta lectora, que se sorprende en cada relato, se identifica aunque sea mujer, treinta años más joven y no tenga la menor intención de escribir ninguna novela luminosa. Mario Levrero escribe las primeras cuatrocientas páginas de este libro para si mismo, se va analizando de una manera que incluso da miedo y al mismo tiempo no tiene miedo de parecer loco, enajenado, ridículo, porque escribe para nadie, porque nadie lo lee cuando escribe. Y eso hace que esta novela sea luminosa aunque no se llame así hasta la página 453 de la edición de bolsillo que compré.

“Me resulta casi increíble, al comparar esta mujer con el resto de sus congéneres, que nunca se haya aprovechado de ese conocimiento suyo para competir, humillarme o tratar de reformarme. Me aceptaba tal cual soy, e intuía sin duda que cualquier modificación que se me impusiera, por más positiva que fuese, me haría perder algo que ella consideraba importante en mi.”

Cada vez que leo algo escrito por un hombre, que describe exáctamente cosas que he pensado, me asalta una ternura muy explicable, aquella que deviene de saber que también les pasa, que no son tan diferentes incluso en las diferencias. Que también hacen generalizaciones. Y se confirma que no estoy tan equivocada, a pesar de tanto pelotudo que me he cruzado. Que sigue siendo saludable que me gusten y me den curiosidad y los siga queriendo tantotanto.

Nesquik

A mi siempre me tuvieron re-cagando. Me educaron en la disciplina y el orden, la responsabilidad y el deber. Como quien dice, me tendían sonando. Pero te voy a decir una cosa: en mi casa, la leche chocolatada de la merienda siempre tuvo muchomucho Nesquik. En mi casa, la chocolatada era marrón oscuro. A lo mejor para compensar.

Me acabo de comer una cucharadota de Nesquik, así, a pelo. Calculo que por lo menos unos 13 años desde la última vez que hice algo parecido… ¿eh?

Ponele nombre y apellido

Hace unos meses participé en el programa de formación organizado por el ddi, la EOI (Escuela de Organización Industrial del Ministerio de Industria) y el di_mad, para la creación de empresas de diseño.

No he hablado mucho del tema pero básicamente el programa ha sido interesantísimo, orientado a formar diseñadores como emprendedores y empresarios, dándonos unas herramientas super necesarias y alimentándonos la autoconfianza en los proyectos de cada uno. Y entre otras cosas buenas, de ahí salió un grupo que intenta promover la formación para emprendedores desde el punto de vista del diseño, del que formo parte y que aunque todavía está dando pasitos enanos, va cogiendo fuerza de a poco: Lo creas o no!

Bueno, toda esta intro para decir que ayer nos dieron nuestros diplomas y que para variar, mi apellido estaba mal escrito: Regosa. No sólo eso, sino que cuando me llaman para que fuera a recibirlo, sólo dijeron “Dña. Daniela Fernanda” porque claro, acá todo el mundo tiene dos nombres y dos apellidos y si tenés un sólo apellido, se asume que tu segundo nombre es tu primer apellido. En fin, a lo que iba: que no ha habido ni una sola vez, ni aquí ni en Argentina, en la que me hayan hecho un certificado con mi apellido escrito correctamente. Ragoza, Rogozza, Rugosa, Regazza, Ragazza, Rigosa, Regoza, Regozo, Rogosa y así hasta el infinito. Después me quedé pensando que lo más gracioso es que mi apellido correcto, Rogoza, tampoco es correcto. Porque es polaco, porque probablemente se escribía de una manera diferente (al menos eso es lo que pude intuir al contactar con varios polacos y lituanos con apellidos similares) y fue cambiado cuando mis abuelos pasaron por la aduana portuaria al llegar a Buenos Aires.

Después, cuando volví a casa, le mostré el certificado a mi vieja por Skype. Y me di cuenta de que tampoco era tan importante el tema del apellido. Una parte de mi sigue teniendo 7 años y quiere que mi mamá vea que la seño me puso tres estrellitas doradas en la tarea.

Jaaa.

Historia Clínica

Informó que sufría taquicardia cada vez que lo veía, aunque fuera de lejos.

Declaró que se le secaban las glándulas salivales cuando él la miraba aunque fuera de refilón.

Admitió una hipersecreción de las glándulas sudoríparas cada vez que él le hablaba, aunque fuera para contestarle el saludo.

Reconoció que padecía grandes desequilibrios en la presión sanguínea cuando él la rozaba, aunque fuera por error.

Confesó que por él padecía mareos, que se le nublaba la visión, que se le aflojaban las rodillas. Que en los días no podía parar de decir bobadas y en las noches no conseguía dormir.

Fue hace mucho tiempo, doctor – dijo –. Y nunca más sentí nada de eso.
El médico arqueó las cejas:
¿Nunca más sintió nada de eso?
Y diagnosticó:
Su caso es grave.


Eduardo Galenano. Bocas del tiempo.

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Definitivamente. Es grave. La putada es que no es mortal. O menos mal.

De acá XIX

de acá, pelos al viento

La comezón

Varias primaveras atrás,
el viento cambió
y una canción
me trajo hasta aquí

Un 27 de abril de 2003, llegué para quedarme y ni yo misma lo sabía. Había venido antes, a finales de 2002 pero no sabía entonces que apenas iba a volver por mes y medio a Argentina, a cerrar asuntos laborales, juntar mis cuatro libros y volverme a vivir acá.

Hace siete años la vida me sorprendió con todos los astros alineados para dar un paso que jamás me había siquiera planteado. La sorpresa más bonita de mi vida, la certeza de querer como yo no sabía que era capaz. Una de esas sorpresas grandes, demasiado grandes. Y a la que le puses huevos (con aviones incluidos).

Durante siete años, la vida me siguió dando sorpresas, en general desagradables. Me dio cosas lindas también, por supuesto. Pero las sorpresas fueron desagradables. Ahora pienso que en realidad eso es bueno. Que las cosas feas me sorprendan, me hace pensar que en realidad soy una optimista, sobre todo con la gente.

Por suerte, tuve la conciencia de haber ido construyendo un nido, una red, un colchón. De gente, claro. Gente linda, audaz, mucho más valiente y grande que yo. Gente que hoy es parte del día a día y que sabe que yo acá no cuento ni la cuarta parte de lo que me pasa porque me pasan muchas, muchas pero muchas cosas. Y lo saben porque siempre, siempre me escuchan.

Siete años después, con muchas más heridas cerradas que abiertas (en eso tengo suerte y una buena cicatrización) alucino cuando miro alrededor y para adentro y descubro que, aunque haya salido mal, que salió, haber venido por amor cada vez me parece menos cursi y más valiente.

Y que mañana será otro día. Un día, tu tía.

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Cantando

Ya tengo plan para el fin de semana

Vía BoingBoing

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