Correr: apuntes sueltos

He descubierto por qué no me gustaba ir al gimnasio. La música. Esa cosa horrible que no motiva, que es más bien como golpes en la espalda. Por eso, ahora, al ir a correr en la cinta, en lugar de ir a una clase de body-pump-tonic-latino-cardio, puedo correr con mi propia banda sonora, ajustar el orden de las canciones, modificar el ritmo. Así estoy haciendo mis cuatro kilómetros diarios*, que son muy poco aún, lo sé. Pero he pasado de no mover el culo a vestirme y salir a las 7:45 (casi)todos los días y zarandearme un poco. Cuarenta minutos que de momento me valen.


La “marca personal” es una cosa increíble. Cada vez que he corrido un poco más o que he mejorado mi tiempo, o que he conseguido incorporar alguna técnica como el fartlek, la satisfacción es increíble. Es un cosquilleo intenso (vale, a lo mejor es un calambre, jaja) como si tuvieras 15 años y te ha mirado el chico que te gusta. Y lo mejor es que nadie te lo puedo quitar porque no hay comparativa posible. Si mi marca es pequeña con respecto a la de otros, no me importa, porque solo yo sé lo que corría y lo que corro. E, increíblemente, he comprobado que quien hace deporte de verdad, quien lo disfruta y lo recomienda, cuando le cuentas tu marca, aunque sea pequeñísima, sonríe y te dice: “pues vas bien”. Al que te dice: “bah, es una mierda” puedes calificarlo con toda seguridad, no como deportista sino como competidor. Son dos cosas diferentes.


Qué gran invento los sujetadores deportivos ¡¿Cómo se me ocurrió que alguna vez me iba a gustar el gimnasio yendo con un sujetador normal?! Acierto e inversión. Valen cada euro. Sabedlo.


Antes eran doce. Ahora me cuesta alrededor de tres minutos desconectar, entre que empieza a moverse esa vereda ambulante por la que ando. Desconectar de las cosas que toca hacer el resto del día, de las cosas que me preocupan, de los de al lado (que son muchos y no te creas: la gente que va temprano al gimnasio es que gente en general que por lo visto entrena muy en serio, yo soy la paria de la primera hora). Lo bueno es que mientras antes empiezo a correr, antes vuelan las ideas. Aunque todavía no logro correr mucho tiempo de una vez. Paciencia, espero ir mejorando.


Creo que tengo que leer el libro ese de Murakami. Pero también pienso que todavía no “corro” realmente. Y a Murakami lo tengo en demasiada alta estima como para leer su libro sin saber realmente de qué habla cuando habla de correr. Paciencia, otra vez. Llegará el momento.


Paciencia, esa es la clave. Una amiga me contaba que ella empezó a correr para ejercitar la voluntad. A mi, voluntad me sobra. De hecho, creo que la mayor parte de lo que he conseguido en la vida ha sido a fuerza de voluntad y cabezonería. Y me he dado cuenta que lo mío es ejercitar la paciencia. Y aprender que primero corría dos minutos y caminaba otros dos, y ahora, meses más tarde, no solo corro todo el tiempo, sino que además cada vez voy más rápido y ya prácticamente no me canso. Pero llegar a este punto ha requerido una paciencia que no sabía que tenía. Aprendí que puedo no ir un día a correr y al siguiente resulta que rindo más. Increíblemente, se me han quitado algunas urgencias. Pero empecé caminando y me parece importante repetirlo. Empecé caminando.

*Cuando empecé a escribir este texto, lo máximo que había logrado mediocorriendo-mediocaminando era llegar a 4 kilómetros. Ahora ya llego a 6 casi sin problema.

Acá, 2 opinaron

  1. C.Martín, el Sunday 1 de July 2012 a las 21:40

    Veo que progresa usted adecuadamente…, como se suele decir, el camino más largo siempre empieza con un primer paso. Caminemos, pues.
    ¡Bienvenida!

  2. ana carolina, el Thursday 5 de July 2012 a las 1:43

    ayyyyy te quieroooooo!
    jaaa :P

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