Historia Clínica
Informó que sufría taquicardia cada vez que lo veía, aunque fuera de lejos.
Declaró que se le secaban las glándulas salivales cuando él la miraba aunque fuera de refilón.
Admitió una hipersecreción de las glándulas sudoríparas cada vez que él le hablaba, aunque fuera para contestarle el saludo.
Reconoció que padecía grandes desequilibrios en la presión sanguínea cuando él la rozaba, aunque fuera por error.
Confesó que por él padecía mareos, que se le nublaba la visión, que se le aflojaban las rodillas. Que en los días no podía parar de decir bobadas y en las noches no conseguía dormir.
– Fue hace mucho tiempo, doctor – dijo –. Y nunca más sentí nada de eso.
El médico arqueó las cejas:
– ¿Nunca más sintió nada de eso?
Y diagnosticó:
– Su caso es grave.
Eduardo Galenano. Bocas del tiempo.
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Definitivamente. Es grave. La putada es que no es mortal. O menos mal.








Y de pronto, tras muuucho tiempo, los síntomas reaparecen (¡de verdad!)
Me gusta tu blog
Linker: ¿en serio? ¡qué bien para vos!
seguramente reaparecen, tal vez con otro ser q motive los síntomas, e incluso podría ser el
mismo!
lindo post.
ana carolina: yo tengo dos grandes amores imposibles y los dos son uruguayos: Drexler y Galeano ¿será algo en el agua?
y después te abandonan. Me re cago!
linker: A veces es mejor, mucho mejor que te abandonen. Cargar con la cruz de ser el que abandona tampoco es fácil (por cierto ¿sos el mismo linker del comentario más viejo?).