10 cosas que tus biznietos no recordarán
10 cosas que no existirán para los hijos de los hijos de nuestros hijos.
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Peleas chinas por los puestos en las esquinas: ¿verdad o leyenda urbana?
Llevo unas semanas de lo más agotadoras. Pasada la época de las fiestas, para la que me pertreché adecuadamente con abundantes dosis de ánimo prefabricado, se me agotaron las existencias y el 5 de enero estaba para el blanket-rolling, solamente. Por suerte, días más tarde tenía que usar mis últimos días de vacaciones, para los que logré autorización gracias a la visita argenta de V. y aproveché para hacer lo que mi amiga P. dió en llamar “La Fiesta Cremallera”, es decir, inaugurar la casita a la que me había mudado poco más de un mes antes.
Aquí tengo que hacer un paréntesis: ¡cuánta felicidad toda junta! De la gente que invité, vinieron todos, salvo Nadie, pero tenía una excusa excelente, estaba al otro lado del océano. Cuestión, que vinieron todos y algunos más sumados a último momento. Y por cierto, qué amigos más civilizados tengo, al día siguiente apenas había media docena de patatas fritas debajo de la mesa y el resto de la casa, impecable. Además, Bruno me hizo el honor de traer a sus padres, lo que ya habla del nivelón que tenía el evento.
Pasada esa semana, vuelta al curro, para encontrarme con novedades de lo más devastadoras… pero avancé la primera semana con la frente bien alta, ya veremos en qué deriva este despelote, que acojona ¿Dije “acojona”? Casi más bien, da pánico, pero de momento, voy a pasar del pánico porque me afea, me saca canas (¡y ni siquiera son verdes!) y me salen arrugas en la frente. Y yo quiero tener arrugas pero pa’rriba, de las de reirse… y como a estas situaciones así tan tan tan hay que reírseles en la cara, pues en esas estoy.
Qué tengo vértigo en el estómago todo el maldito día, por causas numerosas y multitudinarias y por supuesto, totalmente lógicas, que ya no veo las noticias ni quiero verlas, porque no tengo la sensación de que informen tanto como alimentan la paranoia. Que si, que hay crisis, que la miro a la cara todos los días, pero no por eso tengo que flagelarme con ella. Que la información es poder, pero la ignoracia es felicidad y yo, últimamente, casi prefiero lo segundo, porque la promesa de poder de la información es casi casi como esos 906 en los que el enigma tiene resolución tan fácil que llamás pero siempre estás en espera y yo de esperar ya estoy cansada, para qué te lo voy a contar.