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De acá X

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Vasco Mourão – De allá

Resulta que hay gente que está peor que uno. O que tiene agujeros mucho mejores.

[ vía Drawn! ]

Yo yo she

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Grawlix

Grawlix: puteando con caracteres tipográficos. [ vía Swissmiss ]

Trajes de baño

Soluciones para cuando falla la “operación bikini”.

De acá IX

Conclusiones estúpidas LIV

Cuando estoy de buen humor, tengo la cara como un zapato.

Cosas que se dicen

El otro día, cuando iba a comprar sushi (?) para cenar (porque últimamente eso de cocinar y encima ensuciar platos y vasos es algo que parece estar siendo desterrado de mi vida) escuché a una señora de unos cincuenta años decirle a su amiga, que se quejaba de su peso: “A veces estás más gorda, a veces estás más triste”.

Primero la frase me chocó. Después me di cuenta de que en realidad era, no sólo muy sincera sino además muy bonita (y aquí tengo mis propias razones, porque la verdad, he notado entre mis amigas que pierden peso sólo cuando están muy tristes, muy estresadas, con el corazón roto y con las esperanzas leeeejos. De hecho tengo un par de amigas que este año tienen unos kilos más que hace tiempo y definitivamente está mucho más lindas y rozagantes).

Después me puse a pensar en cómo es que existe esa idea de que las mujeres nos tiramos a matar, que competimos todo el tiempo, que nos ponemos lindas para otras mujeres, que intentamos hundir a la otra. Yo no digo que eso no pase ¿eh? Supongo que existe pero parece que yo tengo suerte. En mi mundo, mis amigas siempre te dicen cosas lindas y cuando las cosas que te dice son más feas, no se refieren a tu aspecto, por lo general son cosas que expresan preocupación por cómo estás haciendo las cosas, no por tu aspecto. Y encima son cosas que vos sabés pero necesitás un amigo que te las diga y te las confirme y te ayude.

Incluso entre las mujeres que no son amigas me encuentro comentarios agradables. Sin ir más lejos, en mi oficina no dejo de escuchar cómo unas le dicen a otras lo guapas que están hoy, lo bien que les sienta ese color, preguntan por el nuevo corte de pelo porque se dan cuenta, señalan los zapatos con admiración, preguntan por el bolso nuevo que se compraron, se quitan kilos unas a otras y así.

De hecho, me arriesgo al decir que en los últimos años he escuchado más comentarios bonitos de la boca de mujeres que de la de hombres. Ojo, no digo que no los digan pero he notado una creciente tendencia hacia el comentario ácido ¿defensivo quizás?

No sé, caballeros, pero sepan que decirle a una mujer lo linda que está hoy, lo bien que le sienta la sonrisa en la cara, hacer como que se dan cuenta de los cambios producidos y comentarlos para bien sólo tiene un resultado posible: que esa mujer a la que se lo dicen se va poniendo más linda porque se siente más linda. Que una se mantiene bien con la propia autoestima pero que lo que viene de afuera siempre suma. Y no hay nada de malo en decir cosas bonitas. Y si se cruzan con una que responda mal o sea antipática, no se sientan mal. Esa mujer, seguramente, todavía no recibe los suficientes mimos verbales. Un poco más y seguro florece.

Momento kitinmuñoz otra vez

El otro día alguien me manda un email llamándome Trinity (en un contexto Matrix y por algo que yo había dicho en otro email) y yo, en lugar de hacer la relación correcta, lo primero que pensé fue en un desodorante, en la marca Polyana y en un anuncio ochentero con dos chicas con reflejos y vestidos jipones largos y floreados, plataformas de corcho y lo mejor: el cierre de la publicidad, un pulpo (¡una pulpa!) de color rosa y con un lazo en la cabeza y todos los brazos llevando desodorantes. Bueno, supongo que hay detalles que me invento pero esa es la imagen que me vino a la cabeza.

Un recuerdo de la más tierna infancia. Una de esas imágenes publicitarias que te marcan a futuro. Yo quería ser la pulpo esa. Yo quería mil brazos y usar ese desodorante de chica que no para. Estamos hablando de una época pre-rexina-que-luego-se-convirtió-en-rexona. Estamos hablando de principio de los ‘80 y yo era una bebé, tendría como mucho seis o siete año y todavía la idea de la mujer trabajadora, que no paraba, que hacía mil cosas era bastante nueva. Pero incluso ahí yo ya sabía que iba a ser pulpa, total, con mil brazos y mil ocupaciones, sin parar. Y rosa porque todavía el rosa no era (al menos en mi universo) cliché de barbiegirl.

Tardé como diez minutos en caer en que quien me mandaba el mail no se refería a esa Trinity, si no a una un poco más guerrera y armada. Igual es un punto de encuentro, porque brazos hay que tener para ser la otra, la del futuro.

Pero igual, qué raro cuando se te vienen esos recuerdos que están enterradísimos, casi te diría que es como que se te destapa la nariz y olés de nuevo (espero que no a Trinity, que por lo que estuve mirando por ahí, tenía un perfume asqueroso).

De acá VIII

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