Una carrera
Me acabo de inscribir en la San Silvestre Vallecana, carrera tradicional madrileña, si las hay. Se corre la tarde del 31 de diciembre, todos los años y es una carrera corta: 10 kilómetros.
Va a ser mi primera carrera, ya que empecé con ésto del running el 1 de enero de este año. A nivel simbólico es muy fuerte todo lo que conlleva. Será la manera de cerrar este año donde he intentando cambiar tantas cosas, donde he hecho lo posible para que el deporte fuera una parte regular de mi vida, y ahora soy española, y hacer diez años que estoy acá... aunque me asusta porque no he corrido más de 6 kilómetros jamás y no sé si voy a ser capaz.
Aunque luego lo pienso y digo: “¡Claro que voy a ser capaz! Como si tengo que hacerla caminando…”. Después de todo, así he hecho todo en mi vida: a paso más lento que el resto. Y al final, siempre voy llegando… creo. Normalmente, cuando se ha acabado la fiesta, y por lo general, cuando ya no queda nadie esperándome, pero llego. Creo.”
Me he inscrito con mi número de DNI español. Recién estrenado, nuevecito. Parecerá una tontería pero eso tiene un peso increíble en mi historia en España. Y encima, como si fuera poco, el 21 de diciembre se cumplen 10 años de la primera vez que pisé suelo español. Claro, entonces no sabía que era para quedarme, pero fijate… diez años después acá estoy. No hice nada de lo que soñaba hacer cuando vine. Pero si es cierto que hice mucho más de lo que creí posible con tantas circunstancias adversas. Dios, cómo me equivoqué con todo y cómo, así y todo sobreviví y soy unapersonaquecorre. Poco, pero corre.
Te digo que me asusta. Las fiestas son siempre unas fechas difíciles aunque yo intente disfrazarlas de hayfelicidad y melopasogenialsola. Y ojo, no es que no tenga con quien estar, tengo numerosas invitaciones para pasarlo en casa de gente que me quiere y mucho (sin ir más lejos, mi amiga Vic se ha apuntado en mi categoría, para correr conmigo y no dejarme sola: GRACIAS, VIC).
Pero… es duro. No es por ser desagradecida, al contrario. Es un alivio saber que esas opciones existen. Y al mismo tiempo, en un punto, duelen porque ya necesito otra cosa. Ya va siendo tiempo de que otracosa sea posible en mi vida. Y sin embargo, lo que hay es ésto: nadie esperándote en la meta. Igual me digo: “Daniela, por mucho que se te caigan las lágrimas escribiendo ésto, por mucho que te autocompadezcas, es lo que hay y vos sabés que lo vas a hacer de todas formas, que vas a correr, a caminar, a arrastrarte cualzombie para llegar a la meta, y no llores más pensando en finales de película con la familia, los amigos, esperándote dos horas más tarde con un vaso de café caliente porque eso pasa solo en las películas y acá lo único que vale es que vas a correr, vas a llegar, joder, que al menos te inscribiste sin que te tiemble la mano, que ahí vas a estar y no te olvides de llevar Kleenex porque te va a tocar llorar por pelotuda, porque sos así, así te hicieron, así te hiciste y dejate de joder, que sos la puta ostia y lo sabés. La reina de hacer las cosas aunque no tengas motivación. Incluso aunque nadie te espere en la meta”.
Maldita resiliencia y autopalmaditas. Me cago en todo, pero yo esta carrera la termino. He dicho.







